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“Una simple calada engancha”

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La Unidad Antitabaco del Complejo Hospitalario de Toledo se puso en marcha en 2003 con la intención de ayudar a quienes desean abandonar esta adicción. La coordinadora de la consulta, la neumóloga Encarna López Gabaldón, asegura que un fumador que quiera dejar de serlo cuenta con varios caminos para conseguir su objetivo. Para ello, es necesaria la motivación y tener en cuenta que una simple calada “engancha”.

La Unidad Antitabaco del Complejo Hospitalario de Toledo se puso en marcha en 2003. Desde entonces miles de ciudadanos se han acercado a esta consulta para abandonar su adicción. La coordinadora de esta unidad es la neumóloga Encarna Pérez Gabaldón, quien explica que “la consulta tiene una capacidad limitada, sólo podemos ver a 350 pacientes al año. Ahora existe una lista de espera de dos o tres meses, porque  no podemos asumir un número más alto de pacientes. Sin embargo, hay muchísimos centros de salud donde se hacen tratamientos contra el tabaquismo, con un seguimiento intensivo, con enfermeros y médicos de familia”.

Y es que la lucha contra el tabaco es imparable. Quienes acuden a la consulta de la doctora Pérez Gabaldón “están ya muy motivados, a veces han hecho ya un intento previo en la consulta de su médico de familia y no lo han conseguido al primer intento ”.
En muchas ocasiones,  en el germen del deseo de dejar de fumar subyacen motivos de salud. "Ocurre así la mayoría de las veces. Quizás es el miedo a enfermar, más que la propia enfermedad. Recibimos pacientes de oncología, de cardiología, de neurología y otros para los que resulta obligatorio dejar de fumar para controlar o mejorar su enfermedad. Vienen pacientes con patologías cardiacas graves, con arritmias, con infartos, con enfermedades psiquiátricas, vienen muchos pacientes con depresiones, porque hay un alto índice de depresión en fumadores. Ese miedo a enfermar también puede venir dado por personas cercanas, familiares o amigos, que han tenido una patología grave, o simplemente porque ellos no se encuentran bien, por cansancio, a veces, por catarros que duran mucho, tos que dura meses y no se quita... Ese tipo de cosas hace que la gente se plantee dejar de fumar." Y es que el tabaco es puro veneno. "Empeora cualquier enfermedad que tengas, no solamente respiratoria”.


Aunque mujeres y hombres tienen los mismos deseos de abandonar el tabaco, los hechos demuestran que ellas  acuden antes a la consulta de deshabituación. "Se plantean dejar de fumar más jóvenes, con treinta-cuarenta años, mientras que los hombres vienen sobre todo entre los cuarenta y los cincuenta”.
Respecto a los efectos de la Ley Antitabaco sobre los fumadores, la doctora Pérez Gabaldón piensa que “las personas que han dejado de fumar son las que ya lo querían dejar previamente y a lo mejor el aumentar o el implantar una ley más restrictiva les ha dado el empujón que necesitaban o ha sido el detonante para que tomaran la decisión. Lo que está claro y está demostrado es que un porcentaje altísimo de fumadores, de más del 50%, quisieran dejar de fumar, lo que pasa es que no han encontrado el momento adecuado y posiblemente la ley hace que esos pacientes decidan que es el momento adecuado para dejar de fumar".


Y es que el poder del tabaco es tal, que ni siquiera su elevado precio frena su consumo.  "El tabaco es caro, pero es una adicción y, como tal, los fumadores lo siguen comprando. Es una sustancia enormemente adictiva", dice la neumóloga.
"Lo importante para el fumador es que tome la decisión de dejar de fumar, no solamente que quiera, sino que tome la decisión y que diga 'lo voy a intentar', hacer un intento serio, porque, aunque fracasen no pasa nada, volverán a intentarlo en otra ocasión. Hay muchos que recaen, pero no se debe considerar un fracaso porque en ese periodo de abstinencia o de dejar de fumar ha aprendido muchas cosas y seguro que al segundo intento lo va a conseguir."

Para ello, la ayuda de los profesionales es fundamental. “Cuando un paciente llega a la Unidad Antitabaco, añade la doctora, se le hace una historia clínica general, enfermedades, medicamentos que toma... Y luego se realiza una historia muy específica de tabaco: cuánto fuma, desde cuando. Y cúáles son los motivos por los que quiere dejar de fumar, sus motivos personales. Se hace un valoración para ver la dependencia. Con arreglo a lo que fuma y a la dependencia que tiene del tabaco, a ese paciente se le indica un tipo de tratamiento. En esta consulta se hacen tratamientos intensivos, lo que significa que se utilizan todos los recursos: fármacos y una serie de seguimientos y de consejos para cambios de conducta, psicológicos, con un seguimiento muy estricto, de ocho o más consultas. Solemos dar el alta entre los seis meses y el año, dependiendo de cada uno".


Cuando un paciente llega a la consulta no debe necesariamente cortar de raíz el consumo de tabaco. “La fecha de dejar el tabaco la elige el propio fumador. Está claro que cuando vienen aquí quieren dejar de fumar, pero siempre se les da un periodo de tiempo en torno a quince días, para que ellos pongan la fecha. En algunos casos se reduce el número de cigarrillos, pero siempre con el objetivo final de dejarlo. De hecho, aconsejamos que vayan reduciendo, pero de una forma temporal”. Y es que hay pacientes que fuman tres o cuatro paquetes diarios. Aun así, lo han dejado. “Una cosa importante es que el fumar más no indica que le vaya a resultar más difícil dejar de fumar, lo que influye es la motivación”.
Respecto al grado de dependencia se valora mediante un test, en el que los principales indicadores son la cantidad de tabaco que fuma una persona y, sobre todo, lo que tarda en fumarse el primer cigarrillo de la mañana.

En cuanto a los fármacos, explica esta profesional, son muy bien tolerados. "Son seguros y, además, eficaces. Eso sí, no solamente es suficiente con tomarse el medicamento, además hay que hacer otras cosas, como cambios de conducta o tratamientos cognitivos".
En este sentido, "debe romper las asociaciones del tabaco con determinadas actividades: por ejemplo,  café-tabaco, alcohol-tabaco... Esas asociaciones que son muy frecuentes en nuestra sociedad se deben evitar para facilitar el proceso de dejar de fumar. Se aconseja eliminar el café, en el caso de que esté asociado al tabaco, que ocurre la mayoría de las veces, hay que dejar de beber alcohol y hay que intentar eliminar todas las situaciones en las que está muy asociado el consumo de tabaco.

En el caso de que no sea posible, intentamos alterar las costumbres que tenga el paciente: después de comer, que en lugar de café tome un té, si no suele tomar fruta que la tome, que se haga un zumo de naranja... Es importante que haya algún cambio y que el paciente no relacione tanto ese tipo de comida o ese tipo de acto, en este caso sería el café, con el tabaco. A veces nos tienen que decir cuál es la conducta que les incita a fumar para que nosotros les vayamos aconsejando cambios en sus hábitos”.

¿Suelen ser receptivos a esos cambios? La doctora López Gabaldón dice que “sí, pero cuesta. Quizás del tratamiento lo que más cuesta es hacer cambios en los hábitos, pero son muy importantes”.
El fumador se enfrenta a otro reto: vencer la dependencia psicológica que genera al tabaco. Esto se puede abordar a través de otras medidas "como es el ejercicio físico diario, que también se aconseja y que forma parte del tratamiento. Puede ser suficiente con andar media hora. Y el tratamiento farmacológico ayuda mucho a frenar la necesidad imperiosa de fumar, además de que controla el síndrome de abstinencia, el conjunto de síntomas que produce dejar de fumar, la irritabilidad, la ansiedad, las alteraciones del sueño…"  Esta etapa viene a durar dos o tres meses. Hay que tener en cuenta que  "con medicación se controlan muy bien los síntomas. Al pasar ese periodo en el que el síndrome de abstinencia es más intenso, se dejan los medicamentos y, teóricamente, ese sindrome ha tenido que pasar".
No obstante, entre muchos pacientes se instala una cierta inseguridad. "A veces hay miedo a dejar el tratamiento farmacológico, pero lo importante es que los pacientes hayan adquirido unos cambios en los hábitos y que conozcan estrategias para afrontar la situación o las ganas imperiosas de fumar".

En este sentido, la neumóloga señala que, “por ejemplo, les damos una pauta para que cuando sientan unas ganas imperiosas de fumar esperen quince minutos de reloj. Además tienen que cambiar la actividad que estén haciendo, han de pensar los motivos por los que les han dado esas ganas imperiosas de fumar. Les aconsejamos que tomen algún sustituto del tabaco, que puede ser chicles, caramelos, beber agua.. Las ganas de fumar duran dos minutos, no dura más. Y se pasa. Entonces damos tiempo a que se pasen las ganas de fumar y ha superado esa necesidad”.
Quienes deciden abandonar esta adicción necesitan apoyo familiar, de amigos, compañeros... “Es muy importante. Cuando en la familia hay otro fumador, siempre aconsejamos que le diga que por favor no fume delante de él, que guarde el tabaco y que no lo tenga a la vista”.

Una asignatura pendiente de la administración en esta guerra contra el tabaco es evitar que los chavales se enganchen a edades tempranas. Esto ocurre, según esta profesional, porque  “es una adicción muy involucrada en la sociedad y que se admite como algo normal y los jóvenes y adolescentes aprenden de los adultos. Es una forma de reafirmar su autosuficiencia. La Ley Antitabaco yo creo que también ha sido importante para los jóvenes, sobre todo para que no se inicien tan temprano, para que se vea que lo de fumar no es un acto normal. Y, sobre todo, que cuando estén en los centros de ocio no estén respirando el humo de los cigarrillos”.

Para la doctora López Gabaldón, las restricciones legales al tabaco han sido básicas. “La ley  ha supuesto un avance muy importante, que demuestra un país desarrollado y un país al que le preocupa la salud de la población en general. Creo que esta ley en absoluto va en contra de los fumadores, sino a favor de la salud de la población en general. Hay que tener en cuenta que el 70% de la población no fuma. Incluso, me parece que los más favorecidos también son los propios fumadores, sobre todo porque la prohibición de fumar en los lugares públicos hace que la persona fume menos e incluso se plantee dejarlo”.

Para la coordinadora de la Unidad Antitabaco del Complejo Hospitalario de Toledo, si queremos acabar con esta adicción se hace imprescindible “la educación sanitaria en los colegios y subir el precio del tabaco. Ésa sabemos que es una medida muy eficaz, lo mismo que el control absoluto de la publicidad y la promoción que realizan las tabacaleras. En otros países europeor, el tabaco vale en torno a seis, siete u ocho euros. Esta es una medida eficaz para que los jóvenes no se inicien al tabaquismo”.

Respecto a los resultados de la Unidad de Tabaquismo, la doctora López Gabaldón indica que “el porcentaje de éxito lo valoramos en la consulta cuando se les da de alta. Y tenemos un 60% de personas que dejan de fumar. Hay que tener en cuenta que  uno puede volver a engancharse por fumar un solo cigarro. Incluso una calada engancha. Eso demuestra la capacidad adictiva que tiene el tabaco. Les recomendamos que no vuelvan a probar el tabaco por nada del mundo. Esa tendencia al tabaco, esa adicción la tienen que controlar ya de por vida”. Los beneficios para la salud los notarán rápidamente. “La mejoría cuando se deja de fumar se nota enseguida”.

Esta neumóloga aconseja a quienes coqueteen con esta nociva práctica “que antes de empezar a fumar piensen por qué lo hacen. El tabaco supone una falta de libertad total. El control absoluto de toda la publicidad y promoción del tabaco sería básico para impedir que se enganchasen los adolescentes”.

Respecto a los que ya lo consumen, esta profesional les anima a abandonarlo para gozar de una mejor salud y hacer la vida más agradable a los llamados fumadores pasivos. “El fumador piensa que en algún momento de su vida tiene que dejar de fumar. Y cuanto antes, mejor”.          

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