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La fiscal pide 17 años de cárcel para él por incendiar su casa

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Manuel Pulgar está en la cárcel desde hace un año, acusado de quemar la casa donde vivía con su pareja y sus cuatro hijos de corta edad, en Toledo. Esta semana en el juicio por esos hechos, él ha insistido en que no provocó el fuego, aunque las acusaciones creen que existen múltiples indicios para demostrar lo contrario. Detrás del suceso, una presunta historia de malos tratos y de la extrema dejadez, el caos y la suciedad en la que vivían los cuatro pequeños, ahora al cargo de sus abuelos maternos.

Aquel incendio que se desató pasadas las siete de la tarde del 4 de febrero del año pasado obligó a desalojar a los vecinos de las viviendas colindantes, en la calle Valdeyernos del barrio del Polígono de Toledo. Salvo el susto y alguna crisis de ansiedad, nadie resultó herido gracias a la rapidez con la que actuaron los bomberos del parque municipal. La policía científica no tiene ninguna duda de que el fuego fue intencionado porque encontraron un foco en la cocina y otro, sin ninguna conexión con el anterior, en el mueble de madera del salón, donde estaba la televisión.

Quien los prendió entró en la casa con las llaves -no estaba forzada la cerradura de la puerta principal- y salió rápidamente volviendo a cerrar y dejando la casa vacia y en llamas. Minutos después, el portero del inmueble abrió la puerta a patadas al percatarse del incendio, pensando sobre todo en los niños que vivían en la casa.

Tres de esos cuatro niños estaban junto a su madre en el domicilio de una vecina desde unas horas antes, desde que sus padres habían tenido una violenta discusión delante de ellos en la calle y Manuel Pulgar se había negado a entregar a su pareja el único juego de llaves que tenían de la casa, según la versión de ella. La joven decidió entonces  colarse con sus tres hijos en la vivienda de su vecina y amiga por un balcón.

La vecina, que no estaba en su domicilio en ese momento y regresó en cuanto la víctima la llamó por teléfono, ha contado esta semana al tribunal que Manuel volvió al inmueble hacia las seis de la tarde y comenzó a llamar a gritos a su pareja. Ella salió y la vecina oyó como el acusado le decía: “me las vas a pagar” y ella le respondía: “y tú a mí”. La mujer regresó  a la casa de su amiga y estaba con ella y con los niños cuando poco después escucharon gritos de alarma por el fuego que se había desatado en el edificio de viviendas sociales.

Durante el juicio, la madre de los pequeños explicó que la pelea con Manuel se había iniciado a primera hora de la mañana, cuando ella insistió al acusado que en quería dejarle. La mujer ha explicado que no era la primera vez que se lo decía y que él no lo aceptaba. En esa primera pelea y en la de la tarde, el procesado la insultó, la dio una bofetada y la tiró un cenicero que no llegó a impactarle, siempre según su versión.

La versión de Manuel, que había salido de la cárcel el día anterior al incendio, es bien distinta. Él ha calificado de “conversaciones” lo que su ex-pareja definía como duras discusiones, ha negado en el juicio que aquel día la agrediera, amenazara o insultara y ha señalado que solo la reprochó que los niños estuvieran viviendo en esas condiciones.
El acusado ha insistido en que no pudo provocar el fuego porque no tenía las llaves de la casa esa tarde y porque a la hora que se produjo el incendio él estaba con unos conocidos en el barrio de Santa Bárbara. Esas cinco personas con las que él aseguró haber estado han declarado en la Audiencia provincial de Toledo esta semana para confirmar el encuentro hacia las siete de la tarde, aunque la fiscal creyó encontrar una contradicción clave en estos testimonios que la defensa presentaba como una de sus principales bazas.

Recordó en sus conclusiones que uno de ellos había concretado durante la investigación haber encontrado al procesado en su casa exactamente entre las siete menos cuarto y las siete y cuarto de la tarde; en el juicio señaló que antes de llegar había escuchado a los bomberos dirigirse hacia el Polígono. En el parque municipal se había recibido la llamada de aviso a las 19:25.

El Ministerio Público estima que existen una multiplicidad de indicios que relacionados conducen a Manuel Pulgar como el autor del incendio. Entre otros los cambios de versión y las contradicciones en las que ha incurrido durante el proceso. La fiscal acusa al procesado de un delito de incendio con peligro para las personas, un delito de maltrato familiar, otro de amenazas continuadas y dos faltas de vejaciones por los que solicita 17 años de prisión para él.

Como perjudicados también se han personado en la causa Gicaman, la empresa pública que era propietaria de la vivienda social incendiada, y la aseguradora de la misma.
Manuel Pulgar ya fue condenado a dos meses y un día de prisión en 2001 por un delito de incendio en los juzgados de Girona, aunque esos antecedentes no constan en esta causa.

 

LO QUE MÁS LLAMÓ LA ATENCIÓN DE POLÍCIAS Y BOMBEROS

Fue la suciedad que encontraron al acceder a la vivienda incendiada. “Estaba todo muy sucio, muy deteriorado y desordenado, lleno de bolsas de plástico con ropa, comida y basura por todas partes. La bañera estaba llena de mantas que tuvimos que ir quitando por si había alguien entre ellas. Había colchones apilados en el suelo. Era un desastre”, contaba uno de los bomberos que participó en el operativo. Lo mismo explicaron los agentes de policía.

Toda esa acumulación de basura provocó un intenso humo negro en toda la vivienda que dificultó la búsqueda de posibles víctimas y hubiera propagado rápidamente el fuego por el inmueble si no hubiera sido por la rapidísima intervención de los bomberos.

Ese “desastre” en el interior de la vivienda -a la que además se había cortado la luz una semana antes por impagos- también fue ratificado ante el tribunal por el abuelo materno de los niños, que junto a su esposa están al cargo de los pequeños desde el día del incendio.

El hombre explicó al tribunal que cuando volvió del trabajo al mediodía del 4 de febrero del año pasado encontró a Manuel Pulgar en su casa. “Me dio las llaves de la casa de mi hija y me pidió que fuera a hablar con mi hija. Fui después de comer. Le dije a ella cuatro cosas, lo primero que tenía que sacar adelante a las 4 criaturitas, entre todos, como pudiéramos”.

El hombre recuerda que dejó las llaves que le había dado Manuel sobre una mesa del salón de la casa de la pareja y se marchó con su nieto mayor para bañarle y con ropa sucia para lavarla en su casa. Dejó a la pareja discutiendo. Un par de horas más tarde volvió al domicilio de su hija para recoger a los otros niños y llevárselos para aselares como al primero. “Mi nieto mayor que volvía conmigo fue el que se dio cuenta: abuelo, está ardiendo mi casa”.

El abuelo ha contado esta semana que su hija apenas va a ver a los pequeños -ella había dicho minutos antes que los veía todos los días- pero que Manuel Pulgar si les llama con frecuencia desde la cárcel y a medias con él, los abuelos compraron los regalos de la última Navidad a los pequeños.
 

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