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La crisis lleva al límite a una familia de Mocejón

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La familia con el alcalde y el responsable de Mensajeros de la Paz en Mocejón
Sandra Berrio, la hija mayor, en su casa calcinada.
El concejal Asel Sánchez y el alcalde Plácido Martín con ayuda para la familia.
La casa calcinada.
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La historia de Carmen Arellano y de Cayetano Berrio es la historia de otras muchas familias a quienes la crisis ha zarandeado hasta hacerlas perder casi todo, arrastrándoles a una situación que apenas si podían imaginar hace unos años. Él, dedicado siempre a la construcción, no encuentra trabajo estable desde hace cuatro años. Tampoco los otros tres adultos de la familia. Este invierno, la empresa que siempre les suministró el gasóleo para la calefacción, no aceptó fiarles ni un día: nueva política, sin excepciones, por los numerosos impagos acumulados, les dijeron. La familia se hizo entonces con una estufa de leña que hace unos días calcinó su casa de Mocejón. Lo perdieron todo. Pero la historia de esta familia es también una historia de generosidad. En apenas una semana la solidaridad de decenas de personas les han permitido reiniciar una nueva vida.

Estamos muy agradecidos. Nunca me ha gustado pedir ni que me dieran nada y si lo he hecho, ha sido porque ya no me quedaba más remedio. Soy una madre muy luchadora”. Carmen Arellano, su marido, sus cinco hijas -cuatro aún son menores- su nieto de dos años y su yerno viven desde el sábado 4 de febrero en un piso que la organización Mensajeros de la Paz les ha cedido en Mocejón mientras reconstruyen su casa calcinada o buscan una alternativa para vivir. La ONG les había facilitado también alojamiento las primeras noches en la residencia para familiares de hospitalizados en Parapléjicos que tienen en este municipio. Cuando el alcalde Plácido Martín les pidió apoyo, la organización ni lo dudó.

La historia de esta familia ha conmovido a sus vecinos, también a los de Olías del Rey, de donde procede Carmen, y a otros tantos que, sin conocerles, les han ofrecido apoyo, como una empresa de Mazarambroz que se ha comprometido a facilitarles algunos muebles. O un electricista que les ha ofrecido hacerles gratis todos los trabajos que necesiten.

En solo dos días, la cuenta bancaria para ayudarles que el ayuntamiento de Mocejón abrió en CCM acumulaba dos mil euros. Los supermercados recogían alimentos y productos de primera necesidad comprados para ellos por los clientes y en el ayuntamiento se acumulaban bolsas de ropa, sábanas y mantas.

Calcinado en el incendio, como todo lo que había dentro de la vivienda, quedaron también los libros y los cuadernos de las niñas. Una papelería del pueblo se ha encargado de reponerlo y en el instituto El Greco de Toledo, al que acude una de las adolescentes de la casa, de facilitarle el material nuevo. “Lo perdí todo, menos mis gafas que fue lo único que pude rescatar”, contaba aún aturdida. Ella y una de sus hermanas intentaron rescatar el portatil que tenían en el salón -“porque teníamos ahí todas nuestras fotos y nuestras cosas, pero cuando fuimos a entrar, el techo se nos vino encima”.

Su madre ya había salvado la vida unos minutos antes a ambas y al nieto de 2 años que estaba en casa cuando se desató el fuego, el miércoles 1 de febrero. Dormían a las diez de la mañana cuando la estufa estalló. Cayetano y su yerno estaban recogiendo aceituna con unos conocidos y Carmen se había levantado muy temprano, como todas las mañanas, para buscar cartones a las puertas de los supermecados y comercios del pueblo. Tenía previsto desplazarse a Toledo, pero no sabe por qué, se desvio y paró en su casa.

Nada desde fuera la hizo sospechar, “pero cuando abrí la puerta me dio un fogonazo y solo tuve tiempo de llamar a mis hijas y sacarlos de allí”. Saben ahora que el estar todos juntos es lo más importante. De lo demás, se están encargando los vecinos. “La solidaridad de la gente ha sido extraordinaria”, señalaban el alcalde de Mocejón Plácido Martín y el concejal Asell Sánchez, que también buscan ayudas en el Gobierno regional para la familia y desde que se desató el incendio han danzado de un lado a otro acompañándoles y movilizando a todo el que pudiera echarles una mano.

FOTOS: ANA BARGUEÑO

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