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El triunfo de la tenacidad

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Sadaf junto a sus padres.
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Safad con Paco Caballero, uno de los profesores de Sonseca que siempre confió en ella.
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Hace seis años Sadaf Zafar Iqbal acaparó la atención de decenas de medios de comunicación por ser la primera pakistaní que iniciaba una carrera universitaria en España. Y porque lo suyo y lo de su familia había sido toda una historia de tenacidad hasta conseguirlo. Ahora, esta sonsecana de adopción está a punto de terminar Medicina con un expediente brillante y su ejemplo ha servido para que otras niñas pudieran seguir estudiando.

De estos seis años que ha estudiado en la Universidad de Córdoba a Sadaf le queda un acento y una chispa andaluzas que chocan con sus enormes ojos negros y su piel morena delatando su origen pakistaní. Es cariñosa, enérgica y guapa. Y “muy buena, muy buena… siempre estudiando”, advierte su madre Shahida Parveen mientras la mira y se emociona, en la casa familiar de Sonseca. “Estoy muy contenta. Y su padre. Y su abuelo… Estamos orgullosos”. Sadaf es la tercera de sus cuatro hijos, la única chica. Tiene 23 años y la misma determinación y entusiasmo de siempre por conseguir lo que se proponga.

En diciembre terminó las clases teóricas de la carrera, ahora última las prácticas y se prepara el mir. Siempre le gustó cardiología, pero no descarta optar por pediatría al final. Quiere hacer la especialidad en el hospital de Toledo o en el de Córdoba. A Sadaf no le ha quedado nunca ninguna asignatura para el curso siguiente y ha dedicado los veranos a aprender más junto a los profesionales del centro de salud de Sonseca y a ayudar con las traducciones del español al urdu a los compatriotas con dificultades con el idioma que requerían asistencia sanitaria. En este pueblo toledano llegaron a vivir más de 800 pakistaníes empadronados –y muchos más que no lo estaban- y aún queda una importante comunidad residiendo allí.

Muchos de esos pakistaníes a quienes Sadaf ayuda ahora presionaron duramente a sus padres cuando al cumplir los 12 años ella y su familia decidieron que continuaría estudiando. Era la primera niña de esta nacionalidad que lo hacía en Sonseca. “Venían a mi casa a hablar con mi padre, a insistirle que no podía seguir en el instituto, pero mis padres hicieron frente a todos y les dijeron que si no querían tener relación con nosotros, era la decisión de ellos”. Sadaf siguió en clase. “La enseñanza era obligatoria hasta los 16 y hubo unos años en que el ayuntamiento hizo una campaña para que las niñas pakistaníes siguieran estudiando. Hasta la policía iba a buscarlas a sus casas. Y conozco familias que se marcharon o mandaron a sus hijas a Pakistán por eso”.

Hoy, la inminente médico es el orgullo de toda la comunidad pakistaní. “Cuando empecé la carrera y comenzaron a hacerme entrevistas, uno de esos conocidos que se había enfrentado a mi padre fue a decirle a su jefe con un periódico en la mano que yo era su sobrina. Ahora esa gente me pregunta cómo me van los estudios y cuando vengo de vacaciones las mujeres vienen a verme con sus hijas y me ponen de ejemplo delante de ellas”.

Sus pasos los ha seguido ya otra joven pakistaní que estudia segundo de Derecho en Toledo y hay otras niñas en secundaria en el instituto de Sonseca, donde ella terminó sus estudios con matrícula de honor. “Siempre quise ser médico. Me obsesionaba no conseguir la nota suficiente para entrar en la carrera. Por eso me esforzaba tanto en todos los cursos. Desde que me acuerdo, desde que tenía 4 o 5 años, me llamaba la atención cómo el médico ayudaba a los demás y yo quería hacer lo mismo”.

Para entonces todavía vivía en su país. Llegó a España cumplidos los 7, a Navahermosa. No sabía ni una palabra de español, pero se comunicaba en inglés con su maestra Pilar. “Yo había estudiado en un colegio británico en Pakistán y lo hablaba muy bien. Ella me traducía todo al inglés y así, con ella, que era mi tutora, aprendí español”. Para el curso siguiente, Sadaf ya hablaba castellano sin problemas. “Me dieron los mismos libros que a los otros niños y podía seguir las clases con normalidad”.

En Sonseca, donde se trasladó con su familia un par de años después, también encontró el apoyo de sus maestros, que seguían estupefactos las ganas de la pequeña pakistaní por aprender. Lo recuerda Paco Caballero, uno de sus profesores, que sigue de cerca su trayectoria casi con el mismo entusiasmo que sus padres. “Destacaba absolutamente. Era muy trabajadora, aprovechando todas sus capacidades y todas las oportunidades, muy luchadora, muy perfeccionista”. Ella se rie escuchándole. “Y sigo agobiándome todos los días con los estudios”, dice.

Pero Sadaf también tiene tiempo de leer y de viajar -sus principales hobbies- y de divertirse con sus amigos, aunque no va a discotecas, ni bebé alcohol y procura cumplir con los preceptos musulmanes que practica. “Todo es cómo te lo plantees y hasta donde tu quieras llegar. No creo que para ser médico y pasarlo bien tenga que romper con mi cultura ni con mis costumbres”. Por eso está especialmente agradecida a los amigos que ha conocido en Córdoba, donde comparte piso con unas compañeras. “Me respetan y me aceptan tal y como soy”.

En la ciudad andaluza terminó estudiando porque fue la primera universidad que la aceptó -lo hicieron todas en las que lo solicitó- y porque allí la familia Zafar Iqbal tenía un amigo que les facilitó inicialmente el alojamiento. “Mi padre estuvo conmigo los primeros meses”.

A Sadaf no le gustan las entrevistas. Se “agobio” hace seis años cuando tras aparecer en el diario El País, todos los medios quisieron entrevistarla. “Pero mi padre me hizo comprender que mi historia era una oportunidad para contar algo positivos relacionado con mi país, del que solo se cuentan atentandos y conflictos en los medios de comunicación”.

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