Feliz 2011. El año que ha sido declarado Año Internacional de los Bosques por la Asamblea General de las Naciones Unidas. ¡Qué bien! Y además sin fumar. Las ranas ecologistas, sabias e humanistas estamos de enhorabuena. Desde el Jordán os recuerdo y me emociono.
La rana del Tajo
Navidad
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Me encanta cantar villancicos, pero está tan revuelto el mundo que ni cantar parece que apetezca. Creo que voy a darme una vuelta por tierra santa y pasar unos días por Belén y otros a tomar las aguas con mis hermanas del Jordán y luego salitrearme en las espesas aguas del mar Muerto, que no es un mar para ranas. No sé si el universo de Belén será como el que se recrea en los belenes salzillescos de toda la vida o será otro menos bucólico donde judíos y palestinos se miran con el rabillo del ojo. Yo ya he decidido ir a dar una vuelta. Así salgo de este marasmo de mazapán y grandes almacenes. A mí es que estas fechas me ponen un poco rara. Me acuerdo de la infancia de zambomba y pandereta, de la calle y hasta de la misa del Gallo. Y ahora me vuelvo mustia de ánimo como si solo sintiera la soledad entre la muchedumbre de ranas que croan y croan sin mirarse las unas a las otras. Y leer, lo que se dice leer, estos días no se puede leer nada. No he visto literatura más hueca, toda llena de expresiones tópicas de buenos deseos que nadie se cree. Casi todo es impostura y comercio. Puestos a ser historicistas, el nacimiento de Jesús se celebra el 25 de diciembre desde el siglo IV, en lugar de una fiesta antigua de tradición romana la del Natali Solis Invicti, en la que se conmemoraba el nacimiento del dios Mitra y en la que la gente se hacía regalos. Vamos que las cosas cambiaron de nombre y ya está. Y así todo. El mismísimo belén, cuyas figuras y paisajes tienen tanta imaginación, lo trajo a España María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III, en el siglo XVIII. Y de Papá Noel no digamos nada es, igual que Santa Klaus, san Nicolás de Bari mezclado con otras leyendas. Así que, ya ven, la realidad no me convence nada, me siento sola, y la historia es falsa. Por eso, he decidido largarme una temporada al Jordán a ver si allí me sube un poco la moral. Pero, entre tanto cojo un vuelo, porque está rana ya no está para hacer saltos de río en río, procuren ser felices y sonrían, es la mejor felicitación y el mejor regalo que pueden hacer a la familia y a los amigos.
¡Felices Pascuas!
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Felices Pascuas desean esta rana y su sapo a todas las personas de actitud positiva. Nos parece más importante la actitud que la inteligencia. Hay dos clases de personas en el mundo, las que son felices y las que son desgraciadas. Las personas felices fijan su atención en lo bueno de las cosas y lo disfrutan todo con alegría. Las personas que son infelices: piensan, hablan... desprecian y se quedan siempre con lo negativo, y eso es lo que transmiten. Si el ser infeliz estuviera arraigado en la naturaleza de las personas, estas serían dignas de compasión. A ser infeliz se ¡aprende! practicando. El criticar y el lamentarse se adquiere por imitación o por decisión propia, y la infelicidad va creciendo hasta convertirse en hábito. Por eso, esta rana piensa que la felicidad no es un premio, sino una consecuencia; y el sufrimiento no es un castigo, sino un resultado. Examinemos nuestras actitudes y deseemos ser felices. ¡Es posible! si comenzamos con algo tan simple como pensar en positivo y desterrando todas las palabras negativas de nuestro vocabulario. Las personas con actitud positiva buscan salida a los problemas. Las ranas somos conscientes de lo poco fácil que es ser feliz en esta situación de crisis económica en la que el sistema maltrata a los débiles. Y todas las ranas del mundo pensamos que las grandes transformaciones no empiezan arriba, ni con hechos monumentales y épicos, sino con movimientos pequeños en su forma y que aparecen como irrelevantes para el político y el analista de arriba. La historia no se transforma a partir de plazas llenas o muchedumbres indignadas, sino a partir de la conciencia positiva y organizada de cada uno de nosotros y nosotras, los individuos y los grupos y colectivos que tenemos conciencia de que otro mundo más humano es posible en un sistema que no nos confisque la vida. Vamos que las ranas deseamos ¡felicidad! a quien sea capaz de escuchar el dolor de los de abajo, que no es una concesión, sino que representa darle su lugar a quien está llamado a cambiar la situación, y a quien esté dispuesto a preguntar para buscar la razón profunda de la lucha y del dolor, y, por supuesto a quien esté dispuesto a conocer los agravios y reconocer los elementos de dignidad que permiten las respuestas a las preguntas del pueblo. ¡Felices Pascuas! a los hombres y mujeres de buena actitud.
¡Felices 32!
- La rana del Tajo
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La Constitución cumple años; 32 exactamente. Es momento de sentirse un poco más patriota que de costumbre y de gritar, como lo hace esta rana y su sapo: ¡España! Andamos en tiempos revueltos, en convulsas situaciones, en río turbulento en el que quieren pescar todo el pescado los ansiosos de siempre. El pueblo debe gritar ¡España!, y todos a una, como Fuenteovejuna, porque siempre habrá quien esté más atento al ansia de poder que al bien común del común de las personas. Por eso se requiere un poco de patriotismo, un mucho de razón y, si me apuran, un punto de voluntad épica. Cuando todo va viento en popa, es muy fácil sacar pecho; sin embargo, cuando hay que apretarse el cinturón, todo se vuelve buscar culpas en el de al lado. En este aniversario constitucional sería bueno parafrasear y recordarle a la gente aquello que dijo JFK: “No hay que preguntarse que pude hacer el país, la nación, por usted, sino qué puede hacer usted por España”. Aquí con nada más ver alguna sombra hay quien echa a correr por donde no haya cantos. Son los de siempre, quienes ni dan la cara ni palo al agua. El pueblo responsable, con los pies en el suelo, como esta rana tiene las ancas en el agua, es el que ha de sacar adelante el carro, aunque los especuladores de siempre, los amos de la estructura invisible pongan palos entre los radios de las ruedas. La Constitución de 1978 fue el resultado de una gran dosis de realismo político y fue el pueblo español, cansado de servidumbres, el verdadero artífice del cambio. Nos dieron una lección que hoy debemos mantener. Hace treinta y dos años los españoles de todo signo, de toda ideología, de toda edad y de toda condición lograron entenderse, supieron renunciar a parte de sus dogmas y asumir las ideas de sus contrarios, tuvieron voluntad de hablar y fueron capaces de soñar con una vida mejor, no para ellos, sino para todos los que vinieran detrás. ¡Que no se olvide esto ahora que tan necesitados estamos de una nueva épica y de un optimismo patrio!. Las ranas gritamos nuestro compromiso y esperamos que los humanos y los humanoides tengan la misma voluntad y la misma altura de miras que nosotros los batracios.
Sphera Antiqva y Ana María Matute
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Mira tú por dónde que llevaba yo tiempo pensando
¡Más cultura!
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¡Cómo está el mundo, Facundo! hace unos días dice mi sapo que oyó a un gachó gritar: ¡ahorremos! no nos gastemos ni una bizna en cultura! Y se quedó tan ancho. Los diablos se lleven a ese monstruito. Si la cultura es el reflejo de la sociedad que la consume y la produce, quiere decir que si hay muchos trogloditas como ese lagarto de la estepa, la sociedad no es que esté en decadencia, es que está en pleno proceso de destrucción. Yo creo que debiéramos ir por otro camino, es decir, a más crisis más cultura. Claro que no me refiero a la cultura de los mercaderes, sino a algo más profundo. Si no creemos en la cultura, no creemos en la libertad ni en la creatividad y, por tanto, estamos vedando caminos al progreso. A ese pensador le aplicaba yo las Coplas de Mingo Revulgo, pues a ese ser desbordado de inteligencia “la soldada que le damos y aún el pan de los mastines, cómeselo con ruines: ¡guay de nos que lo pagamos!”. En estos pensamientos me andaba yo en las riberas del Tajo, cuando pasó por la senda otro que leía la Cárcel de amor, de Diego de San Pedro, cuyos personajes, recuerdo, están atrapados en una red de convencionalismos y reglas sociales que también acaba por destruirlos. Lean, lean esta obra, publicada en 1492, que no antes de ayer. Así que grito con Pleberio ¿Por qué me dejaste triste e solo in hac lacrymarum valle? Este mes de noviembre me aneura un poco. Un poco de optimismo nos vendría bien, incluso un poco de normalidad, y, sobre todo, que los bárbaros del norte o del sur que gritan contra la cultura encuentren su vaso de nepente o su cicuta o, si me apuran, algo más popular: la purga de Benito. Que bueno sería que alguien ahora escribiese un Lazarillo, como aquel que aprendió, además de las siete lecciones, todas las reglas del juego de la deshumanización. Un Lazarillo o unas Luces de bohemia serían necesarios hoy para que desmitificasen este imperio de la nada, la mediocridad y la mentira en el que boqueamos.
Tiempos de vida
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Qué mes tan largo y qué bueno para leer. Mi compañero, a quien no sé si llamar “Rano” o, como hasta hora, cariñosamente “Sapo”, me ha regalado una hermosa novela de Marcos Giralt Torrente, el nieto de Torrente Ballester, cuya Saga/fuga de J.B. leí yo en el año 1978 en la cama durante una gripe. La novela de Giralt Torrente se titula Tiempo de vida y comienza con una rotunda frase, digna del autor de Cien años de soledad. Esta frase redonda y efectista es la siguiente: “El mismo año en que mi padre enfermó publiqué una novela en la que lo mataba”. ¡Qué tremendo comienzo para una historia interesantísima! Me la he leído de tirón y la recomiendo a troche y moche a todos los peripatéticos que hacen la senda ecológica. Tiempo de vida intensifica esta línea con el despojamiento completo de la ficción. Yo creo que en esta novela, la tercera de Marcos Giralt, el autor aborda directamente el peso de las heridas provocadas por una traumática comunicación paterno-filial. ¿Será autobiografía? No me importa como lectora. La relación entre padres e hijos ha sido siempre un buen motivo literario. En este caso aporta la base anecdótica del relato, que, a veces se vuelve minucioso y detallista. Claro, el padre se lleva la mayor parte, y, si me apuran, la más auténtica, la más cruda. El sentimiento de abandono del hijo por parte del padre marca toda la trayectoria, la peripecia, la ficción, quizá la realidad del autor, aunque esto último nos viene a dar lo mismo a los lectores. El hecho de que ninguno de los personajes lleve nombre nos da pie a que elucubremos un poco. Mi Sapo, digo mi Rano, cree que hay mucho de autobigráfico y que Marcos Giralt Torrente ha echado sus demonios al papel. A mi me da igual; el libro es tan interesante o más sin necesidad de visualizar personas reales en la narración. Lo que sí parece es que tras el memorial de agravios, se hace una declaración de la admiración que perdura hacia el padre, al que se le termina por dedicar una de amor. Lean, amigos, Tiempo de vida y me lo agradecerán.
leyendasdetoledo.com
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Toledo es real como la vida misma, como el Tajo y sus riberas, y como mi sapo que lee a Ferlosio y Goytisolo entre los juncos, pero oculta a la vista muchos de sus tesoros. De esta ciudad maravillosa se han escrito guías de todo tipo que abundan en sus verdades y en sus tópicos. Ahora disponemos de un nuevo medio para adentrarnos en el arcano de este milenario peñasco: las páginas web de Internet. Yo que soy rana gutembergiana he sucumbido a la tentación y soy adepta y adicta a la red. Me he especializado en páginas web sobre Toledo y puedo asegurar sin temor a equivocarme que leyendasdetoledo.com es la mejor para mi gusto y entender y me tengo por rana docta y leída. Misterios, leyendas, curiosidades, historias, noticias, imágenes...una enciclopedia esta página. Y lo mejor es que todo está muy bien pensado y excelentemente contado. Aquí se puede visitar la ciudad desde el lado oculto, desde el punto de vista que nunca se ve, también el consabido. Yo especialmente recomiendo la página a los internautas para que preparen desde su pantalla su vista a esta ciudad a la que, como a la Meca, hay que venir por lo menos una vez en la vida. La web leyendasdetoledo.com contiene casi todas las leyendas, tradiciones, curiosidades y misterios que se cuentan sobre Toledo. Así mismo acoge artículos –respetando la opinión- sobre muchos aspectos de interés: turismo, sociedad, música, gastronomía, viajes, cultura... en suma, todo aquello que resulta de interés a quien prepara una visita en profundidad a esta ciudad mítica, de la que mi sapo y yo somos amantes y profundos conocedores. Dicen los creadores de esta singular página: “Creemos en la cultura libre y a disposición de todos, en una Web como un derecho universal y totalmente accesible”. Pues así es y por ello les aplaudo con las orejas y lanzo al vuelo su mensaje desde lo alto de esta columna. Del prestigio de esta ventana al mundo toledano hablan los premios recibidos. De la popularidad da cuenta el que sea la primera página que aparece cuando tecleamos en Google la palabra Toledo. Y lo mejor de todo es que quienes la gestionan –tengo ganas de conocerlos- son absolutamente independientes, como esta rana y su sapo, no se deben a nadie, no reciben ningún tipo de subvención, o sea, disponen de su libertad para elaborar artesanalmente esta artística propuesta. ¡Enhorabuena! a leyendasdetoledo.com y contad con la admiración de esta rendida rana.
Hernández y Goytisolo
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Qué semana de cultura y de emociones! ¡Qué bien hablaron de Miguel Hernández en la Biblioteca Regional Óscar González y Antonio Illán! ¡Y qué público tan entregado! ¡Que se repita, que se repita! Creo que se dejaron mucho en el tintero. Normal. Miguel Hernández no cabe en una hora. Estuvieron comedidos, ideológicos, apasionados y humanamente humanos. Lo han dicho los periódicos. Incluso les han dedicado columna con foto. Son unos monstruos humildes. Tras escucharles, ahora entiendo mejor la ‘Elegía’, tras saber que Ramón Sijé y Miguel Hernández tenían un pacto: si uno moría el otro tendría que cavar la tumba con sus manos. Miguel llegó a Orihuela cuando ya habían enterrado a Ramón y pretendió ir al cementerio, desenterrar al amigo y enterrarlo de nuevo en la tumba excavada por él. No le dejaron. Ahora encuentro toda la razón a estos versos: “Quiero escarbar la tierra con los dientes, / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes”. Esto fue el lunes. El miércoles vino el Rey a entregar el Premio Internacional de Don Quijote de la Mancha a Juan Goytisolo y a la Nueva gramática de la lengua española. ¡Cuánta gente y que hermosamente emplearon el idioma, según mi sapo que se coló en el evento! No era para menos. Se premiaba a la Gramática y a un gran literato. Se puede decir que, con las palabras, no levantaron una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes, sino un homenaje a la lengua que nos hermana panhispánicamente y a un escritor al que no limita ninguna frontera de la cultura y de la ética. Tanto la lengua española como Juan Goytisolo trascienden todas las fronteras, incluso las de la propia lengua, para unir dialogando las civilizaciones, las sociedades y las culturas. Mi sapo vino como un poseso. ¡Cómo estaría que no se quedó a los canapés! Solo con ver y escuchar a Goytisolo y tocar al gramático universal Bosque se alimentó espiritualmente. Eso no fue un canapé fue puro jamón de bellota. Y de postre el Rey, que también dejó un sentimiento lingüístico, fue humano. Y es que mi sapo no había visto nunca de cerca un monarca. Vino diciendo que es como todo el mundo y que lo que sale en las revistas está muy retocado.






























