Se entiende que pasar una ‘noche toledana’ es pasar una noche en vela debido a cualquier tipo de ruido o molestia. Sin embargo, esta famosa expresión va a tener un significado diferente el próximo 25 de mayo. Y es que para celebrar precisamente el XXV aniversario de la declaración de Toledo como Patrimonio de la Humanidad, la ciudad va a vivir también 25 horas intensas, llenas de actividades culturales en la calle, en los museos y en edificios majestuosos como la Catedral. Corales, conciertos, rutas guiadas... convertirán a Toledo en un magnífico espectáculo que irá más allá de su riqueza monumental. Es un buen momento para sentirnos orgullosos de una ciudad que, a lo largo de los años, ha sabido crearse una personalidad propia, una identidad que ha incrementado la autoestima de los toledanos, muy alejada de la trasnochada idea que muchos quisieron transmitir de que nuestra capital no era más que un barrio de Madrid.
En estos 25 años, lejos de convertirse en una ciudad museo, peligro que acecha a los cascos históricos de relieve, ha volado por sí misma, con un turismo ansioso no sólo por contemplar sus impresionantes joyas artísticas, sino por vivir el ambiente que aquí se respira. Toledo es ya una referencia como capital cultural y a ello, no cabe duda, han contribuido los sucesivos gobernantes que han pasado por el Ayuntamiento, los empresarios y, sobre todo, los vecinos, que han sabido abrirse a los nuevos tiempos. Que la llamada noche toledana se celebre el 25 de mayo, en vísperas del Corpus, es una excusa más para disfrutar de todo lo bello que tiene uno de los cascos históricos más hermosos del mundo. Que conste que no lo digo sólo yo, que he nacido aquí.
Por cierto, hablando de nuevos tiempos, hay que ver la que tienen liada los dos grupos mayoritarios en el Consistorio con IU por el polémico plan de actuación urbanística en Santa Teresa. Al concejal Aurelio San Emeterio se le ve cómodo en su labor de oposición y ha arremetido contra presuntos intereses que se esconden tras la construcción de más de 80 viviendas entre la avenida de América y Carlos III. Dejando a un lado los asuntos trascendentes de la cuestión, esta reordenación de la zona aledaña al colegio de Santa Teresa tiene su lado bueno: quedará mejor de lo que está. No obstante, San Emeterio tiene razón en otros de sus argumentos: si unos metros más allá hay restos arqueológicos, en este enclave también debe haberlos. Y si se paró la construcción de viviendas no hay excusas para hacerlas al lado. En cualquier caso, a IU sólo le queda el derecho al pataleo, que no es poco.

