Ha causado cierta sorpresa entre la gente lo multitudinaria que resultó la manifestación que el pasado 11 de febrero recorrió el centro de Toledo. Estaba convocada por siete sindicatos con representación en la administración pública, con el objetivo de sacar a la calle a los funcionarios de toda la región en contra de los recortes impuestos por el Gobierno de Cospedal.
No sé si fueron 25.000, como dicen algunos de los sindicatos, o entre 12.000 y 15.000 como estimaba el recuento policial, pero no parece ni aproximada la cifra de 3.000 que daba el Gobierno, que en su obsesión por recortar ya se le va la tijera de las manos hasta a la hora de contar.
Viendo algunas de las pancartas que se mostraron en esta manifestación se observa que a ella se sumaron muchas de las personas damnificadas por la política de severa austeridad del actual ejecutivo y por la gestión de despilfarro del anterior, que, combinadas letalmente han dado como resultado que no se cobran servicios ya prestados (aunque en honor a la verdad hay que decir que existe un serio compromiso de pagar todo lo adeudado por parte del actual Gobierno), ni se espera renovar muchas de las actuaciones que se han mantenido durante la época dorada del estado de bienestar.
El hecho de que esta protesta callejera no sólo congregara a funcionarios puede llevar a pensar que las manifestaciones previstas para el día 19 en todas las capitales de provincia serán también masivas. La reforma laboral es la excusa, y la puntilla a la clase trabajadora según la interpretación sindical, pero son muchas las razones para el desánimo ciudadano. La más grave, a mi juicio, es el paro: 236.790 desempleados en nuestra región, 82.807 en Toledo, y una previsión de ir en aumento en los próximos meses es argumento de peso para salir en manifestación, en procesión o en peregrinaje si fuera necesario.
El descontento se ha extendido como mancha de aceite y hasta élites profesionales, como médicos o científicos, están comenzando a elevar su protesta por las políticas que afectan a la calidad de servicios esenciales para todos los ciudadanos. Y en cuanto a los empresarios, aunque esta reforma laboral sí les quita unos cuantos pesos de encima y les satisface, también tienen motivos para protestar (de hecho, algunos ya lo han hecho en manifestaciones), porque sus empresas se siguen hundiendo por falta de crédito y por los impagos de las administraciones.
Cada uno que lleve su pancarta, pero sería muy expresivo que se dijera en la calle todo lo que se padece. Como dice la canción de Nabú, “juntos somos más”.
Ensoñaciones aparte, el 19 de febrero es la cita de los trabajadores en la calle. Será una prueba importante también para los sindicatos, que necesitan saber cuál es el grado de compromiso y si hay caldo de cultivo suficiente para convocar una huelga general. La respuesta está en las calles.
| < Prev | Próximo > |
|---|

