La culpa de que los bancos no estén dando créditos es de los ciudadanos y de las empresas, que no son una demanda solvente (según la teoría del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, a la que también se suma Botín). Los bancos son los culpables de que las empresas y los autónomos estén muriendo asfixiados aún gozando de buena salud. Y, por supuesto, las entidades financieras ven culpables de perder sus viviendas a las familias y particulares, por la irresponsabilidad de gastar por encima de sus posibilidades. La ciudadanía acusa a los bancos de haberles atraído con cantos de sirena hasta estrellarse con la realidad.
Y gobiernos y ciudadanos señalan a los especuladores como los agentes del mal, pero para los mercados son los gobiernos derrochadores y sus pasivos gobernados los culpables de su propia desgracia. La culpa siempre es de los otros.
Y mientras discutimos si sin galgos o podencos, todo lo construido en bonanza se derruba a nuestros pies. Lo peor, el paro, una desgracia que vive uno de cada cuatro ciudadanos de Castilla-La Mancha. Los 245.600 desempleados de los que habla la EPA (87.800 en Toledo) deberían de ser la gran preocupación para el Gobierno regional, porque en los ocho meses que lleva gobernando la cifra de parados ha seguido creciendo a un ritmo aterrador. La flamante consejera de Empleo y Economía (todo un detalle que antepongan el empleo a la economía), Carmen Casero, ha dicho que pronto se anunciarán medidas concretar para activar el empleo. El cuarto de millón de parados -todo un ejército- y los miles de trabajadores que tienen ya un pie fuera del mercado laboral por la pésima situación de las empresas y por las consecuencias de los ajustes presupuestarios de las administraciones, confían en que haya una política de empleo de verdad, que sea seria y eficaz.
Una buena señal es que Casero ha comenzado a reunirse y a hablar con los agentes sociales. Y buena señal es que sindicatos y patronal hayan renovado el diálogo social en Castilla-La Mancha y estén firmemente dispuestos a trabajar por el bien común.
Pero no hay tiempo que perder, lo saben bien los 100.000 parados de la región que ya no tienen ni prestación por desempleo. Sin trabajo, difícilmente se recuperará la economía, aunque todavía mandan quienes piensan al revés.
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