Toledo ha enloquecido con la Roja. Miles de aficionados de toda la provincia se han echado a la calle con los colores de la selección en camisetas, bufandas, gorras e, incluso, pendientes. España ha estado presente como nunca en banderas, con una ilusión que se convirtía en euforia, salpicada de lágrimas de emoción con el triunfo de los nuestros. Así se vivió en la plaza de toros la semifinal España-Alemania.
Los disparos de cohetes se entremezclan con los coches que hacen sonar sus bocinas con ritmo. Se palpa la alegría. Las gentes se saludan por la calle con un cordial ‘¡viva España!’, mientras ondean las banderas, sudan las camisetas, casi tanto como los jugadores, e intentan buscar una botella de agua para aliviar esas gargantas que, hace unos minutos, se han quebrado con el triunfo de la Roja. Esto sí que es histórico: España jugará, por primera vez, la final de un Mundial. Será este domingo, en Johannesburgo, contra Holanda.
‘¡Este Mundial lo vamos a ganar!, gritan sin parar tres chavalitos que no llegan a los diez años, en una atestada plaza de toros que se ha convertido en emblema para muchos desde que se inició el Campeonato del Mundo de Sudáfrica. Hoy, miércoles, está a tope: unos sietes mil aficionados, casi todos muy jóvenes, han lucido con orgullo las camisetas de España para compartir en un ambiente excepcional la pasión por la ‘roja’. Todo vale: y hay quienes llevan la equipación oficial; otros han optado por prendas más económicas, que estamos en crisis aunque hoy no lo parezca, mientras los más apañados se han ido a alguna de las tiendas de los chinos o al mercadillo del martes, donde han vendido camisetas por un euros. Lo cierto es que Toledo, la capital y la provincia, se ha impregnado de la ilusión que estos días barre todo el país, ansiando un sueño que, esta vez sí, está más cerca.
A las ocho de la tarde ya hay grupos de chavales en los alrededores de la plaza de toros. Llegan ataviados con camisetas de Villa, Torres, Xavi e Iniesta. Muchos se han pintado la cara de rojo y gualda, los mismos tonos de la bandera que a una gran mayoría les sirve de capa o de falda. Y es que se ha puesto de moda coordinar los accesorios de la selección. Algunos, los más forofos, no dudan en recargarse con prendas de la selección: lucen bufandas gorras y alguno confiesa que, incluso, ropa interior roja.
Los amantes del fútbol son supersticiosos, eso sí, y más de uno no quiere hacer vaticinios sobre el resultado final porque “trae mala suerte”. Lo que todos tienen claro es que España va a ganar. Y eso que el rival es complicado, dicen.
Desde Gálvez y también procedentes de Illescas han llegado hasta la plaza de toros de la capital varios grupos de chavales. Les gusta ver el partido en el coso sobre todo “por el ambiente” y “porque hay mucha gente”. Míriam y Rubén son del Real Madrid. Y están contentos porque en España juega Casillas, “el mejor portero del mundo”. Miríam dice que Vicente del Bosque ha hecho bien en no sacar a Torres, “no vale para nada”, asegura. Junto a ellos está su amiga Sandra, fan de Villa. Claro, que hoy, es difícil que un español no se declare seguidor de este asturiano al que le persigue la cantinela, ‘Villa, Villa, Villa, Villa maravilla’.
Óscar, antes de entrar a la plaza, bebe con alegría un gran vaso de calimocho. “Es para quitarme la sed”, dice. Está tan contento, porque es hincha del Barcelona y “más de la mitad del equipo de España es del Barsa”. Dice que cuando ve ganar a la selección de su país le atrapan “sentimientos inexplicables”. Y en esto que dice ‘¡Viva España!’.
Laura y Mercedes son dos jóvenes toledanas seguidoras a tope de Villa, Iniesta, Xavi y Fábregas. Van vestidas a tono con el espectáculo que están a punto de disfrutar en la plaza de toros. Su amiga Esther es la más patriota del grupo: dice que lleva la bandera y sigue a la selección “por lo que representa”. Ya ven, las emociones más profundas pueden surgir en un partido de fútbol.
Los aficionados se apiñan en las puertas del coso taurino. A la entrada, un guarda jurado les quita las bebidas. Y es que todo en la vida es un negocio. Se entra gratis, sí, pero el que tenga sed tendrá que apaciguarla con una bebida de las que venden los establecimientos que han establecido sus chiringuitos en la plaza de toros. Allí una botella pequeña de agua cuesta dos euros, un refresco tres, un cubata o un calimocho salen por seis euros y un cubalitro por quince.
Una serie de gorilas, que no están de muy buen humor precisamente, se sitúan en la escalera que accede al albero para evitar que la gente tapone esa entrada.
El calor quema. Y los ánimos se desbordan, sobre todo cuando en la gran pantalla, tampoco hay que llamarla gigante, suena el himno de España. La ventaja que tiene nuestra música es que se puede tararear alegremente. Sin ton ni son, porque no tiene letra. Algunos le ponen la suya propia y todos, los miles de seguidores, hacen ondear su bandera. Algún ‘despistado’ parece haber sacado del baúl de los recuerdos una enseña anticonstitucional. Y es que los hay que optan por provocar incluso en momentos tan entrañables, en los que los del Real Madrid, el Barcelona o el Atleti no distinguen de colores. Son todos una piña animando a España.
Por la plaza anda la concejala de Festejos, Carmen Jiménez, junto a su pareja. Ambos no se han perdido ni un solo partido de España desde que comenzó el Mundial. Carmela entiende de fútbol y de toros. Su padre tuvo un bar y ella hace un vaticinio tan acertado como el del famoso pulpo alemán: España va a ganar y marcará en el segundo tiempo. ¿Será vidente nuestra edil? Desde luego, ella, mientras se abanica hace una completa descripción de la táctica de la selección. Y alaba a nuestros centrocampistas.
El partido comienza. España juega bien, pero, de momento, el ambiente está calmado. Todos miramos al dichoso sol, a ver si se pone de una vez y nos deja ver más nítida la pantalla. Esos gritos de ‘¡ayyy!’ cuando hay una oportunidad de España, se entremezclan con gestos de espanto cuando se acercan los alemanes a la portería de Casillas, que, cada vez que para, es vitoreado con ‘¡Iker, iker’!
Dicen que todos los españoles llevamos dentro un seleccionador. Y es cierto: alguno, con su sombrero bien calzado, le va diciendo a cada jugador a quien debe ceder la pelota, con la vana esperanza de que le haga caso. Pero nada…
En el descanso, muchos aprovechan para cenar un bocadillo, que siempre se agradece. Mientras, suena Shakira y la mayoría bailan el Waka-waka. Óscar ha venido con sus amigos desde Alcabón y está disfrutando de lo lindo. Vamos, que es el alma de la plaza. “Hay que disfrutar de la semifinal”. Y vaya que lo está haciendo este seguidor del Toledo: grita, anima a la selección, y está dispuesto a bañarse en la fuente de la plaza de Colón si llega el caso. De hecho, su grupo se metió en el Caño de la plaza de Alcabón cuando España ganó a Paraguay. Esta vez está dispuesto a tomar salchichas “en honor a los alemanes”. Pero como no sólo de fútbol vive el hombre, el chaval aprovecha para echar el ojo a más de una chica de las que cruzan el albero. “Son todas muy guapas. Si conoces a alguna que esté sola, me la presentas”.
En esto que se cruza Ángel, un toledano que dice con una seria convicción “España gana”. Su amigo Mario quiere decir algo, pero ante la afirmación tan convincente de Ángel se queda de piedra.
Empieza el segundo tiempo. España está que se sale. “En una de estas marcamos”, dice un chaval que lleva la camiseta de España, pero no la roja, sino la azul. La plaza está que arde. Y en esto que llega el gol de Puyol. Saltos, gritos, sonidos de vuvuzelas, abrazos, besos… Y lágrimas. Los más jóvenes se han emocionado tanto que han llorado con el gol de su selección. Jonhatan tiene el corazón encogido: tanto, que no ha podido impedir que las lágrimas resbalaran por sus mejillas. Otro tanto le ha ocurrido a un joven que ha llegado desde Albarreal. Y es que “esto no había pasado nunca”. “Las sensaciones son inexplicables”. Toledo es una fiesta.
En la plaza las banderas se mecen, el grito de ‘España’ se extiende y más de uno canta aquel viejo ‘¡Qué viva España!’, que hoy tiene más vigor que nunca. ‘¡Soy español, español, español, español…!’, cantan muchos, mientras la plaza se vuelca cuando sale al terrenos de juego el Niño Torres. Huele a Atlético…
Quedan pocos minutos. Los alemanes, que son muy altos, nos dan algún que otro susto, mientras España no se rinde. Suena el pito del árbitro. Se acabó. ¡España está en la final! En la plaza de toros de Toledo suena un entrañable pasodoble, ‘Paquito el chocolatero’ y recuerdo las palabras de Ángel, el chaval que vaticinó que España iba a derrotar a los teutones. “Y si ganamos el Mundial, ya me puedo morir”. Esperemos que no sea tan trágica la victoria ante Holanda, que todo el mundo considera segura, en medio de un coso convertido en pista de baile. Canta Bisbal, después vuelve Shakira y un sinfín de canciones pachangueras. Ahora hay que ir a Colón, a bañarse en la fuente.
Dice Celia Penedo, psicóloga clínica, que la pasión desatada por la selección española responde a lo que se considera un “fenómeno de masas”. La gente se contagia de la emoción global y en estos día poco importa la crisis. Todos, incluso aquéllos a los que no les gusta el fútbol, disfrutan con el triunfo de los suyos.
Esta noche, la de San Fermín, muchos nos acordamos de algún ser querido, como mi padre, que no ha podido contemplar esta hazaña de la Roja, con máyúsculas. Aquí también hay emoción: España está en la final. Y ya todo es posible.
(Cientos de imágenes de la celebración en la plaza de toros y en la plaza de Colón en nuestra galería)
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