Andan finos los de Planeta últimamente, si el pasado año el premio que lleva su nombre se lo concedieron al genial Eduardo Mendoza, no se sabe bien quien premiaba a quien en ese caso si la editorial al autor o éste a la editorial dejándose premiar, este año el galardón que en dinero supone, redondeando a la baja, 600.000 euros o para entenderme mejor cien millones de pesetas (visto así cualquiera se dejaría premiar) ha recaído en Javier Moro, magnífico escritor que con sus libros nos traslada a lugares exóticos y tiempos remotos pero en realidad muy próximos puesto que en definitiva son ejemplos de superación, denuncias de injusticias sociales y la eterna lucha del hombre contra el hombre por la libertad lo que nos cuenta en sus libros perfectamente documentados ya que, viajero incansable, no duda en desplazarse a cualquier lugar del mundo para recabar datos del mundo y de los protagonistas de sus libros.
“Pasión India” fue el libro que le dio a conocer por todo el mundo y “El imperio eres tú” la obra que le ha dado el premio Planeta. La primera habla de Anita Delgado, bailarina malagueña que enamoró al Maharajá de Kapurthala, Jagatjit Singh, cuando éste acudió a la boda del Rey Alfonso XIII con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg y terminó casándose con él y luego divorciándose. El libro premiado habla de Pedro I, el que fuera primer emperador de Brasil. En ambos casos, los protagonistas no eran personajes desconocidos para los historiadores; pero Javier Moro ha sabido dotarlos del color del momento y del lugar recorriendo los espacios en los que vivieron.
Fue en uno de esos recorridos cuando conocí hace cuatro años a Javier Moro. El gran fotógrafo toledano, y especialista en India, Luis de Toledo, había aceptado llevarme como aprendiz de fotógrafo durante un mes en un viaje que nos hizo saltar por algunas de las ciudades más fantásticas del mundo y que en común tienen pertenecer todas ellas a la India. Experiencia que fue necesario repetir al año siguiente. La idea era asistir a la gran fiesta religiosa de la Kumba Mela que se desarrolla cada siete años en varias ciudades santas indias. Una de ellas Allahabad, y hasta ahí nos llegamos Javier Moro por un lado y nosotros por otro hasta el mismo hotel; pero allí no estaba la parte importante de la fiesta sino que era en Benarés.
Por suerte Moro llegó con taxi incluido que puso a nuestra disposición para ir a una de las ciudades más alucinantes del mundo. Ahora, el escritor galardonado dice que está harto de la India, por los problemas legales que le están originando algunas de sus novelas centradas allí; pero en aquella ocasión decía que “el problema es que una vez que has visitado la India cualquier otro país te parece soso”.
En Benarés tuvimos nuestros problemas, en realidad los tuvo él por ser a quien pillaron cuando hacíamos fotos del rito de incineración de los fallecidos junto al río Ganges donde se arrojan las cenizas. No fue grave porque optamos por irnos en lugar de discutir, aunque alguien me castigó esa noche porque un dolor en el costado me hizo pensar en la estupidez de haber ido tan lejos para morirme. Tampoco fue grave, pensado con la lejanía del tiempo; pero qué cosas se nos pasan por la cabeza en algunas ocasiones cuando no te sientes seguro.
Javier Moro era en esa época y seguro que en esta también un tipo simpático, normal que tomaba nota de cualquier historia. Un gran profesional de la literatura que hace digerible y enormemente atractiva las historias más inverosímiles sobre la base del trabajo primero en el terreno y luego en su despacho. Imaginación, curiosidad y saber escuchar son tres cualidades que a Javier Moro le hacen ser un gran escritor. En eso se parece al tercer viajero de esta historia, Luis de Toledo, solo que lo que uno consigue llevar a la literatura el otro lo plasma en imágenes.
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