Difícil dejó María Dolores de Cospedal la contestación de José María Barreda a su discurso de investidura. La ya presidenta, en la intervención del primer día de los dos que duró la sesión de investidura y en un discurso leído, ofreció a la oposición una mano tendida para dialogar y llegar a acuerdos y lo extendió a toda la sociedad castellano-manchega como antaño, hace escasos meses, hiciera el gobierno Barreda.
No era aquí, sin embargo, la dificultad sino en dos hechos claros, el anuncio de recortes en lo que al operativo de su propio gobierno afecta: desaparición de los delegados provinciales de las consejerías, de 22 de los 55 directores generales con que contaba el último gobierno socialista y de la reducción a la mitad en los cargos de libre designación y el segundo hecho, la aseveración como “compromiso irrevocable” de la gratuidad de los servicios públicos de educación y de sanidad. Servicios que se llevan la gran parte del gasto del presupuesto de la Junta de Comunidades.
Es más difícil cesar a alguien que fácil nombrar. El PP viene de la oposición y no sólo en la Junta de Comunidades, también en las diputaciones y en muchos pueblos y desde el 22 de mayo su incremento de poder institucional ha sido tan amplio que no necesita apenas buscar acomodo a nadie, por el contrario los años de gobierno socialista habían originado compromisos difícil de soslayar y por tanto la capacidad de recorte era muy limitada. Aún así Barreda lo hizo en el número de consejeros; pero la disminución proyectada por De Cospedal en direcciones generales es especialmente notable.
A partir de ahí, las propuestas de recorte por desaparición del CES, que no ha gustado ni a sindicatos ni a empresarios, del defensor del pueblo, el anuncio de privatización de la radio televisión de Castilla-La Mancha, previo saneamiento de la misma, anuncio sorprendente puesto que se desconocía que tuviera problemas económicos dado que prácticamente vive de los presupuestos de la Junta de Comunidades, y el ahorro previsto en gastos corrientes, resultaban más fáciles y por tanto más complejo de criticar por la oposición cuya voz fue en la sesión de investidura la de José María Barreda.
La disminución de asignaciones a sindicatos y empresarios y a los grupos parlamentarios, PP y PSOE, planteada por De Cospedal son medidas que juegan también a favor de público, especialmente en estos momentos, y más cuando asegura que no tocará la gratuidad educativa y sanitaria.
La medida de verdadero ahorro planteada por la presidenta se encuentra en las infraestructuras. Aseguró el primer día de la sesión que se congelarían hasta que no se sanearan las cuentas públicas, aunque luego se comprometió a cumplir al menos en la mitad los compromisos al final de la legislatura, y citó expresamente las comunicaciones entre Toledo-Ciudad Real-Córdoba y la autovía Guadalajara-Cuenca-Albacete. También mostró su interés por ver el estado de ejecución de los hospitales de Toledo y Cuenca.
Al día siguiente, Barreda diría que un km de autovía tiene un coste aproximado de 4,5 millones de euros para señalar el esfuerzo presupuestario que los gobiernos socialistas han hecho en esta materia y que también estaban en reforma los hospitales de Albacete y Guadalajara. Cuando habló Cospedal del freno a las autovías, a renglón seguido, también lo hizo de establecer un marco jurídico estable para el desarrollo de las energías renovables. También a esto Barreda contestó, al día siguiente, presumiendo de ser la región con mayor parque de energías renovables de España.
Ambos responsables políticos estaban, sin duda, mandándose mensajes claros en torno a las relaciones con las grandes empresas que han operado en la región en los últimos años. De Cospedal dejando claro que es la Presidenta.En el segundo día de la sesión de investidura parecía que los papeles estaban cambiados, que no hubiera habido elecciones, Barreda hizo repaso de sus logros como Presidente y De Cospedal pasó a ser oposición a esos logros. Más tiempo se dedicó a esto que al discurso de investidura del día anterior, ya he dicho que resultaba complicada su crítica.
El ex presidente tuvo una intervención de mano tendida que no le fue totalmente aceptada, en algún momento llegó incluso a ser avisado y por supuesto se salió del debate sin concretar reunión alguna entre ambos para ayudar en el traspaso de poderes. Hizo valer Barreda que la diferencia era de un solo diputado, 25 PP y 24 PSOE, y eso permitió a la nueva presidenta anunciar una reforma de la Ley electoral de Castilla-La Mancha que dijo querer sea consensuada, puesto que el diputado de diferencia “no es reflejo de los sesenta mil votos que distanciaron al PP del PSOE y al hecho de que el PP ganara en todas las provincias salvo en Ciudad Real, donde sí que perdió por escasos votos”.
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