Finalmente tuvo razón el Centro de Investigaciones Sociológicas, el CIS, en su encuesta y los resultados fueron exactamente los que pronosticó. Guadalajara ofreció el éxito electoral al PP al conseguir este partido dos diputados más que el PSOE en esa provincia. La paradoja es que Guadalajara siempre ha sido y es la provincia con menor sentido autonómico unido a Castilla-La Mancha.
Lo cierto es que, en todo caso, el triunfo del PP también se sustenta en los resultados del resto de las provincias donde ganó en todas salvo en Ciudad Real que lo hizo el PSOE y por un escaso número de votos, setecientos aproximadamente, lo que le dio un diputado más. En principio esta era la provincia que se pensaba inclinaría la balanza a favor de uno u otro partido, por eso de ser impar el número de diputados que eligen y pensando que en el resto no habría diferencias importantes como para romper el empate; pero en esto que llegó Guadalajara, una imprevisión de los redactores de la Ley Electoral. Ahora, antes que cualquier otra medida, el PP ya ha anunciado su intención de cambiarla y es de prever que también piense en cómo hacerlo en su beneficio futuro; pero estas elecciones han enseñado lo difícil que es escribir el futuro electoral a través de una Ley.
El panorama que las elecciones municipales y autonómicas ha dejado en Castilla-La Mancha para la izquierda es desolador. El triunfo de María Dolores de Cospedal al conseguir el PP 25 diputados por 24 el PSOE es mucho mayor de lo que esos números tan aproximados arrojan. El PSOE prácticamente se ha quedado sin poder institucional, tan sólo ha conseguido mantener la diputación de Ciudad Real, conservar la alcaldía de Toledo que como hecho simbólico tiene especial relevancia para la figura de su titular, Emiliano García Page, y ha recuperado el ayuntamiento de Cuenca. Pocos mimbres para poder estructurar una fuerte oposición.
Treinta años de gobierno socialista no han producido cambios sustanciales en el pensamiento político de la región, como se aprecia en las elecciones generales donde el PP siempre es ganador, aunque el PSOE si había conseguido la identificación con Castilla-La Mancha siendo de alguna manera el partido regionalista que como tal no existe realmente y eso le llevaba a ganar las elecciones autonómicas una y otra vez; pero ahora eso se ha roto y el PSOE se enfrenta a una situación de desánimo, con escaso poder político, y sin medios de comunicación que le amparen puesto que los más receptivos a sus planteamientos irán cayendo poco a poco, incapaces de hacer frente a la merma publicitaria que la crisis económica ha provocado.
Ahora espera un más que probable adelanto electoral. Será difícil a Zapatero sustraerse al hecho evidente de que una tendencia tan generalizada no puede obedecer más que a una causa común, la crisis económica, si; pero fundamentalmente a la manera de gestionarla en la que el presidente del Gobierno no sólo ha sacrificado con recortes a muchos españoles, sino también a su propio partido del que es secretario general. La célebre contención del déficit no ha dado el mínimo respiro a los gobiernos autonómicos de cara a las elecciones, fueran o no de sus siglas, solo que el desgaste venía exclusivamente para ellos.
Probablemente en Moncloa pensaba ingenuamente que estas elecciones junto a una ligera recuperación económica podían ser un cortafuegos de cara a las elecciones generales previstas para el próximo año. Dos millones de votos de diferencia cuando hace cuatro años se produjo un empate técnico es una voz demasiado fuerte como para no escucharla.
Las próximas elecciones generales, a poco que la tendencia se mantenga, ofrecerán un panorama especialmente impactante con un PP absolutamente poderoso, el electorado le habrá dado todos los instrumentos para adoptar las políticas que considere oportunas y las reformas necesarias.
Castilla-La Mancha era, se decía, la madre de todas las batallas, el termómetro de cara a las próximas elecciones generales por el hecho de presentarse la número dos del PP, De Cospedal, y el enorme apoyo que la había brindado Mariano Rajoy. Al final el termómetro ha sido toda España y no había para tanta expectación como la creada. De Cospedal con una campaña esquemática, muy profesional y basada en el problema del paro, el primero que esas encuestas del CIS que aciertan sitúan en el orden de los españoles, ha conseguido solventar el hándicap que suponía enfrentarse a un partido muy pegado a la tierra y a un presidente y candidato, Barreda, muy bien valorado y que no ha dejado ningún esfuerzo físico por utilizar en esta campaña en la que ha recorrido miles de kilómetros. No le ha resultado fácil, de todas las maneras, introducir el discurso y el mensaje regional, su principal arma para el triunfo, y el interés que la prensa nacional mostró en el movimiento 15M terminó de imposibilitar que se escuchara ese mensaje regional o en cada municipio el mensaje local, única posibilidad que tenía el PSOE para conseguir unos resultados algo satisfactorios.
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